26.1.15

El fenómeno de Las mil y una noches


Sólo dos puntos en común
La gran obra literaria que ha perdurado a través del tiempo como un legado para la humanidad, consta de una serie de 1.001 relatos concatenados, cuyos orígenes se remontan al antiguo imperio persa y fueron traducidos al árabe en el siglo 9.  
De hecho, fueron traducidos por primera vez al francés en el año 1704. Luego, los cuentos y relatos fueron adaptados y traducidos en todos las lenguas.
Pero la historia que en la actualidad se ha transformado en un boom televisivo sólo comparte el mismo nombre que los relatos originales, como así también el de su protagonista, Sherezade Eviyaoglu -interpretado por la actriz Bergüzar Korel-, que es el mismo que el del personaje que narra las mil y un historias ante el sultán árabe para salvar su vida.
Gustavo Zonana, profesor de Literatura de la Universidad Nacional de Cuyo, aclaró que salvo esas dos coincidencias, la obra milenaria no guarda otras características comunes con la novela televisiva.
De hecho, tampoco es ésta última una adaptación del libro original. “Podemos decir que más bien la novela se vale del prestigio de la obra literaria, pero eso no implica que los televidentes van a encontrar en ella coincidencias en la historia”, destacó el investigador especializado en literatura argentina.
De hecho, añadió Zonana, los relatos maravillosos de la literatura oriental que se encuentran en estos textos históricos no sólo traducen la memoria de los pueblos orientales, sino que han pasado a ser joyas de la literatura universal. En Argentina, explicó, autores de renombre mundial, como Leopoldo Lugones y Jorge Luis Borges, fueron grandes admiradores de “Las mil y una noches”. 
Entre los principales relatos que han trascendido en el mundo occidental y que se desprenden de la “historia mayor” figuran, por ejemplo, “Aladino y la lámpara maravillosa”, “Simbad el marino” y “Alí Babá y los cuarenta ladrones”.
( www.losandes.com.ar)

Y la Biblioteca Cacuri no es ajena a este boom televisivo.
Los lectores se han acercado solicitando la obra literaria como sus adaptaciones para el público infantil 
Hoy, todos los ejemplares están prestados y con lista de reserva


Y vos... ¿no lo leíste aún? 


25.12.14

Cuento de Navidad (Ray Bradbury)

CUENTO DE NAVIDAD     Ray BradburyEl día siguiente sería Navidad y, mientras los tres se dirigían a la estación de naves espaciales, el padre y la madre estaban preocupados. Era el primer vuelo que el niño realizaría por el espacio, su primer viaje en cohete, y deseaban que fuera lo más agradable posible. Cuando en la aduana les obligaron a dejar el regalo porque pasaba unos pocos kilos del peso máximo permitido y el arbolito con sus hermosas velas blancas, sintieron que les quitaban algo muy importante para celebrar esa fiesta. El niño esperaba a sus padres en la terminal. Cuando estos llegaron, murmuraban algo contra los oficiales interplanetarios.
-- ¿Qué haremos?-- Nada, ¿qué podemos hacer?
-- ¡Al niño le hacía tanta ilusión el árbol!
La sirena aulló, y los pasajeros fueron hacia el cohete de Marte. La madre y el padre fueron los últimos en entrar. El niño iba entre ellos, pálido y silencioso.
-- Ya se me ocurrirá algo --dijo el padre.-- ¿Qué...? --preguntó el niño.
El cohete despegó y se lanzó hacia arriba al espacio oscuro. Lanzó una estela de fuego y dejó atrás la Tierra, un 24 de diciembre de 2052, para dirigirse a un lugar donde no había tiempo, donde no había meses, ni años, ni horas. Los pasajeros durmieron durante el resto del primer "día". Cerca de medianoche, hora terráquea según sus relojes neoyorquinos, el niño despertó y dijo:-- Quiero mirar por el ojo de buey.
-- Todavía no --dijo el padre--. Más tarde.
-- Quiero ver dónde estamos y a dónde vamos.
-- Espera un poco --dijo el padre.
El padre había estado despierto, volviéndose a un lado y a otro, pensando en la fiesta de Navidad, en los regalos y en el árbol con sus velas blancas que había tenido que dejar en la aduana. Al fin creyó haber encontrado una idea que, si daba resultado, haría que el viaje fuera feliz y maravilloso.
-- Hijo mío --dijo--, dentro de medía hora será Navidad.
La madre lo miró consternada; había esperado que de algún modo el niño lo olvidaría. El rostro del pequeño se iluminó; le temblaron los labios.
-- Sí, ya lo sé. ¿Tendré un regalo? ¿Tendré un árbol? Me lo prometisteis.
-- Sí, sí. Todo eso y mucho más --dijo el padre.
-- Pero... --empezó a decir la madre.
-- Sí --dijo el padre--. Sí, de veras. Todo eso y más, mucho más. Perdón, un momento. Vuelvo pronto. Los dejó solos unos veinte minutos. Cuando regresó, sonreía.
-- Ya es casi la hora.
-- ¿Puedo tener un reloj? --preguntó el niño.
Le dieron el reloj, y el niño lo sostuvo entre los dedos: un resto del tiempo arrastrado por el fuego, el silencio y el momento insensible.
-- ¡Navidad! ¡Ya es Navidad! ¿Dónde está mi regalo?
-- Ven, vamos a verlo --dijo el padre, y tomó al niño de la mano.
Salieron
de la cabina, cruzaron el pasillo y subieron por una rampa. La madre los seguía.
-- No entiendo.-- Ya lo entenderás --dijo el padre--. Hemos llegado.
Se detuvieron frente a una puerta cerrada que daba a una cabina. El padre llamó tres veces y luego dos, empleando un código. La puerta se abrió, llegó luz desde la cabina, y se oyó un murmullo de voces.
-- Entra, hijo.-- Está oscuro.
-- No tengas miedo, te llevaré de la mano. Entra, mamá.
Entraron en el cuarto y la puerta se cerró; el cuarto realmente estaba muy oscuro. Ante ellos se abría un inmenso ojo de vidrio, el ojo de buey, una ventana de metro y medio de alto por dos de ancho, por la cual podían ver el espacio. el niño se quedó sin aliento, maravillado. Detrás, el padre y la madre contemplaron el espectáculo, y entonces, en la oscuridad del cuarto, varias personas se pusieron a cantar.
-- Feliz Navidad, hijo --dijo el padre.
Resonaron los viejos y familiares villancicos; el niño avanzó lentamente y aplastó la nariz contra el frío vidrio del ojo de buey. Y allí se quedó largo rato, simplemente mirando el espacio, la noche profunda y el resplandor, el resplandor de cien mil millones de maravillosas velas blancas.

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