29.5.08

Niños, adolescentes y tecnología. Un desafío constante

video

(Carlos B. nos envió este simpático video. Muchas Gracias!!)

Retos y desafíos en el mundo de hoy
Imagine su refrigerador lleno: frutas, ensaladas, golosinas, carnes frías, quesos, comida preparada. Imagine ahora a su hijo adolescente haciéndose un sándwich y un licuado a las cuatro de la tarde y luego otro, a las seis; imagíneselo comiendo otro plato -ahora de frutas- dos horas más tarde y véalo luego prepararse una abundante cena a las nueve de la noche. ¿Se lo permitiría? Probablemente no. Su argumento sería que no por el simple hecho de que el refrigerador esté lleno, la comida está a su entera disposición; seguramente le diría que hay reglas para la cantidad y la hora a la que se debe comer.
Lo mismo sucede con los medios de comunicación. El teléfono, la televisión y el Internet son herramientas que están al alcance de los jóvenes, pero su uso indiscriminado no solamente es incómodo para la familia, sino hasta puede resultar nocivo para ellos.
A través de la exposición a los medios de comunicación los adolescentes refuerzan su identidad,
se identifican con sus grupos de referencia y se sienten en sintonía con sus amigos y compañeros: de ahí la importancia que le conceden al tiempo que les dedican.
Seguramente usted ha tenido la experiencia de ver que su hija llega a casa y lo primero que hace al entrar es hablarle por teléfono a su mejor amiga, aun cuando no ha pasado ni una hora desde que la dejó. Lo mismo sucede con los otros medios de comunicación: el televisor puede estar encendido mucho tiempo y sus hijos pasarse varias horas frente al aparato, lo mismo que frente a la pantalla de la computadora, navegando por Internet hasta altas horas de la noche.
Es innegable que los medios de comunicación existen para usarse y que la mayoría de las veces son realmente útiles. El problema surge cuando se corre el riesgo de que sus hijos se expongan a información no adecuada o cuando su uso indiscriminado se convierte en una barrera que impide que el adolescente se relacione con su familia o que cumpla con sus obligaciones escolares o de la casa. En cada hogar debe buscarse la forma de que los medios de comunicación se usen ordenada y racionalmente.
A continuación se sugieren algunas medidas que usted podrá adecuar a su manera de pensar:
1. Fijar reglas de convivencia.
Un grave problema actual, derivado de la velocidad a la que vivimos, es el poco tiempo que dedicamos a la convivencia. Si aunado a esto tenemos que los miembros de una familia, aun estando en casa, se encuentran "conectados" a los aparatos y "desconectados" de las relaciones familiares, la situación se torna más grave. Es importante que en cada familia se fijen períodos para convivir: la hora de la comida, un paseo o una actividad grupal, aunque sea una vez a la semana. Una vez convenido en lo anterior debe fijarse una regla fundamental: que nadie falte.
2. Evitar que se confunda el medio con el fin.
Cuando se ve un programa de televisión debe tenerse un objetivo: divertirse, informarse, aprender. No es sano, ni para los adultos ni para los niños, dedicarse simplemente a "estar frente al televisor" sujetos a ver todo lo que los programadores quieran transmitir.
Tampoco es positivo dedicarse a navegar por Internet sin ton ni son o estar "colgados" del teléfono por tiempo indefinido; es importante fijarse un propósito. Entre más pronto se enseñe a los hijos que la tecnología nos proporciona los medios, pero que nosotros decidimos los fines, será menos probable que abusen de dichos medios.
3. Acordar horarios y tiempos.
Es importante que los hijos sepan que hay programas y portales específicos que pueden ver, así como horarios y tiempos límite. También habrá que establecer condiciones tales como haber terminado las tareas o las obligaciones de la casa, cumplir con algún requisito o tener acceso sólo en determinados días de la semana.

4. Establecer límites.
Al fijar reglas, los padres deben marcar límites razonables no arbitrarios y de común acuerdo con los hijos. Por supuesto que los adolescentes van a protestar y tratarán de modificar estos acuerdos. Sin embargo, cuando se establecen límites justos los hijos saben a qué atenerse, se evitan sorpresas no deseadas y cuentan con elementos para desarrollarse en un ambiente seguro.
5. Prevenir riesgos.
Es muy fácil que a través de Internet o de la televisión entre a los hogares algún tipo de pornografía. Contar con candados o filtros para evitar que los hijos tengan acceso a material inconveniente resulta una buena medida preventiva. Evitar que se "encierren en una habitación" para ver televisión o navegar en Internet puede ser otro mecanismo de ayuda en este aspecto.
6. Enseñar a los hijos a “autoprotegerse”.
No basta con que en el hogar propio no haya acceso a ciertos programas o portales para proteger a los hijos de contenidos indeseables, ya que quizá en los hogares de los amigos tanto la televisión como el Internet estén abiertos sin restricción. Es importante dialogar con los hijos -y hacerlo abiertamente- acerca de los problemas relacionados con estas tecnologías, así como ayudarles a desarrollar un criterio que les permita saber elegir lo que les conviene y tener la capacidad de decir "no" a aquello que podría llegar a perjudicarlos.


Mención aparte merece la música. Al igual que el resto de las manifestaciones culturales con las que se identifican los adolescentes, la música les da identidad y sentido de pertenencia con su grupo de referencia; sin embargo, algunas de las canciones de moda contienen lenguaje inapropiado o tratan temas que pueden no ir de acuerdo con la manera de pensar de una determinada familia.
¿Qué es conveniente hacer al respecto?
Los papás deben especificar a los adolescentes, claramente y sin lugar a dudas, qué tipo de canciones no se oyen en casa -por su contenido no apropiado para menores, uso de palabras altisonantes o letras que incitan a la violencia-. La aclaración debe incluir no solamente que no se escuchen en casa, sino que no se compren las grabaciones de esas canciones, aun cuando los hijos utilizaren para ello su propio dinero.
Otra alternativa en este sentido podría ser escuchar las canciones de su interés con ellos, hablar acerca de los mensajes que contienen y hacer que los jóvenes reflexionen sobre cómo se sienten al escucharlos y qué beneficio consideran que este tipo de canciones puede dejarles. Utilice preguntas como: ¿Tú qué piensas?¿Crees que para expresar sentimientos es necesario
el uso de palabras altisonantes? ¿Cuáles son las ventajas de usarlas? ¿Cuáles son las desventajas? Finalmente, déjelos sacar sus propias conclusiones, siempre y cuando las reglas de la casa se cumplan. Ellos apreciarán esa actitud porque, aunque no les gusta que se les diga lo que
tienen que hacer, siempre están dispuestos a evaluar y a reflexionar acerca de lo que
hacen. Comparta con ellos, incluso desde pequeños, el gusto por la música, con letra o sin ella, como un elemento relajador que invita a la reflexión y a explorar emociones y sentimientos nuevos.

(basado en el libro: Adolescentes: ¡Padres en acción!.
Jorge Zuloaga y Norah Franco de Zuloaga
Crezcamos juntos 15

Nuestra Biblioteca, posee algunos títulos interesantes para profundizar en esta temática entre los cuales, mencionamos:

  • Volpicelli, L. LA TELEVISION Y LOS JOVENES. Buenos Aires, Estrada, 1972
  • Keilhacker, M. PEDAGOGIA DE LA EPOCA TECNICA. Buenos Aires, Kapelusz 1975
  • DEVORAME OTRA VEZ: QUE HIZO LA TELEVISION CON LA GENTE; QUE HACE LA GENTE CON LA TELEVISION. Buenos Aires, Planeta, 1992
  • UNA AMENAZA ACECHA A NUESTROS HIJOS: LA TELEADICCION. Buenos Aires, Fundación Argentina del mañana. 1994
  • Morduchowicz, R. A MI LA TELE ME ENSEÑA MUCHAS COSAS. Buenos Aires, Paidós, 2001
  • Altavilla E. PROCESO A LOS PADRES. Barcelona, Plaza & Janés, 1976
  • Cresta de Leguizamón, M. EL NIÑO, LA LITERATURA INFANTIL Y LOS MEDIOS DE COMUNICACION MASIVOS. Buenos Aires, Plus Ultra, 1984
  • Peyrú, G. PAPA ¿PUEDO VER LA TELE?. Buenos Aires, Paidós, 1993
  • Marrict, F. DEJENLOS VER LA TELEVISION. Barcelona, Urano, 1993
  • Iturralde Rua, V. QUE VEN, QUE LEEN NUESTROS HIJOS. Buenos Aires, EUDEBA, 1964

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