27.3.13

Andrés Caicedo y una nota inolvidable en el DIA INTERNACIONAL DEL TEATRO

Andrés Caicedo (1951-1977) nació y murió en Cali. Desde muy niño, como si tuviese un pacto tácito con la muerte, Caicedo comenzó a escribir cuentos, a montar obras de teatro y a devorar películas. Fue un escritor prolífico. En diez años de trabajo creativo escribió un sinnúmero de cuentos, varios guiones, algunos poemas y publicó numerosos artículos sobre cine en los periódicos Occidente, El País, El Pueblo y en las revistas Hablemos de cine y Ojo al cine. Dirigió textos teatrales propios (La piel del otro héroeRecibiendo al nuevo alumnoEl mar), así como adaptaciones de reconocidos autores (La cantante calva y Las sillas de Eugène Ionesco y La noche de los asesinos de José Triana). En 1971 intentó llevar al cine su guiónAngelita y Miguel Ángel, en codirección con Carlos Mayolo, pero la película nunca llegó a feliz término. En 1971 fundó el Cine Club de Cali y en 1974, junto con Carlos Mayolo, Ramiro Arbeláez y Luis Ospina, creó la revista Ojo al cine. En 1973 viajó a Hollywood con la intención de venderle dos guiones a Roger Corman pero el encuentro con el director de serie B nunca se dio. Dos años después, gracias a su madre, publicó en una edición limitada su primer libro: El atravesado. Se quitó la vida a los veinticinco años el mismo día que recibió el primer ejemplar de su novela ¡Que viva la música! Casi toda su obra ha sido publicada póstumamente en distintas libros: Angelitos empantanados o historias para jovencitos,Destinitos fatalesBereniceCalicalabozoNoche sin fortunaTeatro, Ojo al cineEl libro negroEl cuento de mi vida y Mi cuerpo es una celda. Su novela ¡Que viva la música! ha sido traducida al italiano, al alemán y próximamente al inglés y al francés. 

Fiel a su idea de que vivir más de 25 años es una insensatez, Andrés intenta suicidarse dos veces en 1976; pese a esto escribe dos cuentos más: Pronto y Noche sin fortuna, y aparecen los números 3, 4 y 5 de la revista Ojo al cine. Entrega a Colcultura el manuscrito final de ¡Que viva la música!, del cual alcanzaría a recibir un ejemplar editado el cuatro de marzo de 1977; ese mismo día ingiere intencionalmente 60 pastillas de  secobarbital, acto que acaba con su vida. Analizando su muerte, Alberto Fuguet dice:
“Caicedo es el eslabón perdido del boom. Y el enemigo número uno de Macondo. No sé hasta qué punto se suicidó o acaso fue asesinado por García Márquez y la cultura imperante en esos tiempos. Era mucho menos el rockero que los colombianos quieren, y más un intelectual. Un nerd súper atormentado. Tenía desequilibrios, angustia de vivir. No estaba cómodo en la vida. Tenía problemas con mantenerse de pie. Y tenía que escribir para sobrevivir. Se mató porque vio demasiado”, dice. 




No hay comentarios.:

Tres Arroyos en blanco y negro

UTILIZA TODOS...

Mas referencias y contactos... Bienvenidos!

Gadget

Este contenido todavía no está disponible para mostrarse a través de conexiones encriptadas.