11.3.08

Christopher Hitchens: Plus Ultra

Después de la nominación de la Madre Teresa para su beatificación en 1997, el Vaticano invitó a Christopher Hitchens a discutir su caso. Una elección inteligente. Él ya había probado su disposición para criticar a la santa en espera más famosa del mundo. En su libro The
Missionary Position (La posición del misionero) Hitchens consideró al “Espíritu de Calcuta” una “fanática, una fundamentalista y un fraude”.
A pesar de que la obra causó asombro, no debería haber sido ninguna sorpresa. Éste es el mismo hombre que llamó a Ghandi “fakir medio desnudo,” a Bill Clinton “violador,” a Ronald Reagan “lagarto cruel y estúpido” y a la reina el “fetiche favorito de Gran Bretaña.” A Christopher Hitchens le gusta causar asombro. Pero detrás de las provocaciones de un colegial hay un hombre muy serio. El papel que Hitchens jugó en la beatificación de la Madre Teresa era tradicionalmente interpretado por el escéptico oficial del Vaticano conocido como el advocatus diaboli. Aunque no se considere a sí mismo como el abogado del diablo –es ateo, después de todo– Hitchens es un verdadero escéptico.
Cree en cuestionar todo. Un verdadero contrera,
redimido por fidelidad a un partido o una ideología –o, debe admitirse, por decoro–, Hitchens no teme adoptar una posición, sin importar cuán poco posible o poco popular ésta sea.
También es un escritor de primera línea. Uno de los periodistas más informados de los Estados Unidos (parece que estuvo en todas partes, conoció a todo el mundo y leyó todo), también
es uno de los más entretenidos. Su dominio del idioma es legendario; su ingenio, feroz. Su habilidad para presentar hechos al servicio de un argumento es una maravilla digna de
contemplar. Por lo tanto era lógico que el abogado del diablo enfrentase al padre de todos ellos: Dios. En su último libro, God is Not Great: How Religion Poisons Everything (Dios no es
maravilloso: Cómo la religión envenena todo), Hitchens no pierde el tiempo para ir al punto: simplemente hay que leer el subtítulo. Pero la Hitchens no se lo lee sólo para saber qué
piensa sobre la religión, sino porque, ya sea que persuada o no, él siempre hace que valga la pena que lo oigan.



Fuente: Crítica de la Argentina. Revista C. 9/3/08

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