25.3.13


“La cultura es la hermana pobre del Estado”  

Marta Macías, presidenta de la SEP (Sociedad de Escritores de la Provincia) desde 2010. Escribana y poeta, publicó su primer libro a los 16 años. Apasionada por la fotografía, soñó con ser bailarina clásica. Vive con su madre de 94 años y es abuela de dos nietos

Por Luis Pazos
- ¿Cómo conviven dos vocaciones tan distintas como la poesía y el Derecho?
- En mi caso, más que convivir yo diría que se alimentaron una a la otra. Mi poesía es una reflexión sobre la condición humana. Y en los problemas que me plantearon los hombres y mujeres que pasaron por mi despacho entendí, hasta donde es posible, las necesidades y búsquedas de la gente. Mis clientes con sus problemas fueron mi inspiración. Como escribana fui para muchos su confesor. Hablo en pasado porque en la actualidad estoy jubilada.
- ¿No se desconcertaban al saber que sus asuntos legales estaban en manos de una poeta? Lo digo por el dicho “de poetas y locos todos tenemos un poco”.
- Todo lo contrario. Les fascinaba y se llevaban mis libros para comentarlos en la próxima entrevista. Además, y esto es lo más importante, todos sabían que yo me hacía cargo de sus problemas no solo como profesional sino como ser humano. Que estaba comprometida hasta el punto de perder plata. Me involucré con mis clientes hasta sufrir por ellos. Si algo aprendí fue que dar es más importante que recibir.
- ¿Este compromiso con los demás tiene que ver con tu decisión de ser presidenta de la SEP?
- Totalmente. Como socia de años llegué a la conclusión que podía dar más a la institución como presidenta que como poeta. La SEP tiene 67 años de vida. Sus integrantes vivieron tiempos buenos y otros no tanto. Pero lo concreto es que sobrevivió. A mi juicio, lo que necesitaba era un impulso. Y se lo di con la colaboración de todos.
- ¿Cuál fue el resultado de ese impulso?
- Sumamos a los poetas de Berisso y Ensenada, organizamos charlas y cursos sobre arte y literatura, rescatamos la memoria de los grandes poetas que pasaron por la SEP como Gustavo García Saraví, Horacio Nuñez West, Pedro Delheye, Ponce de León, y tantos otros. Al mismo tiempo estamos tratando de acercar a los jóvenes. Tarea nada fácil porque son renuentes a ser parte de una institución. Y hay un logro del que estamos orgullosos: el 27 de marzo, en homenaje a la mujer, presentamos una antología de 140 páginas en la que participaron 55 poetas. Se va a presentar en el Colegio de Abogados. Todo a pulmón.
- ¿La SEP no tiene ningún subsidio del Estado?
- No. La cultura es la hermana pobre del Estado. Esto es grave porque la cultura, precisamente, es el alimento esencial de la sociedad. Pero los funcionarios de turno parecen no entenderlo. O simplemente no les importa. Frente a tanta indiferencia, tanta desidia, no puedo evitar un sentimiento de orfandad. Como poeta y presidenta de la SEP me siento una huérfana del Estado.
- ¿Naciste en un hogar donde los libros eran importantes?
- Nací en Tres Arroyos pero La Plata es mi ciudad adoptiva. Vine a los 21 años para estudiar Letras. En ese entonces ya tenía dos libros publicados: “Sombras azules”, que lo escribí a los 16 años, y “Vientos de fragua” a los 21. Esto fue posible porque crecí en el seno de un familia que escuchaba música clásica todo el tiempo. Se hablaba de filosofía: nuestro autor favorito era José Ingenieros, el autor de “El hombre mediocre”. Yo estudiaba danza, mi hermano música, y mi hermana era pintora y fanática del rock and roll. Un dato más: mis padres, que adoraban a Almafuerte, eran comerciantes y bailaban el tango como ninguno en la ciudad. Ganaban todos los concursos.
- ¿Escribís todos los días como si fuera un trabajo más o esperás a que llegue la inspiración?
- No tengo método. Soy totalmente anárquica. Yo no voy a buscar el poema sino que el poema viene a mí. Llevo todo el tiempo una libreta, incluso cuando voy a dormir. De pronto, sin tener la menor idea de dónde viene, me llega una frase y la anoto. Puede ser el comienzo de un poema o no significar nada. Hay veces que me asombro de lo que escribí. Siento que el verso no me pertenece. Que es el vestigio de una memoria ancestral. El psicoanalista mexicano Fredo Arias de la Canal sostiene que hay un protoidioma común a toda la humanidad.
- Hablemos del amor, ese sentimiento que alguien definió como la más bendita de las maldiciones. ¿Es parte de tu vida y de tu poesía?
- Sí lo es. Y lo viví hasta el agotamiento. Amé a mi esposo Ramón con toda mi alma durante los cinco años que combatimos su enfermedad. Hubo momentos en que nos reíamos porque pensábamos que habíamos ganado la pelea. Y otros lloramos porque lo que iba suceder era inevitable. Fue una vía crucis en la que vivimos día tras día entre la esperanza y la desesperación.
¿Esa desesperación se convirtió en un libro?
- Sí. Un día de dolor insoportable me fui a Pinamar y en una semana escribí “Arenas del ocaso”, el libro de nuestro amor. Fue un exorcismo. Mi manera de expulsar a los demonios que llevaba adentro. Hoy recuerdo a Ramón como el hombre que me aceptó como era yo, que creyó en mí y que nunca me limitó. Es decir, el hombre que me amó. Y al que yo amé.
- Conociste al amor. ¿También al odio?
- Sí. Hay algo que me da rabia, que me enoja, que me hiere, finalmente. No soporto la traición. Ya sea en el amor, en la amistad o en cualquier otro aspecto de la vida. Este es un tiempo doloroso para mí porque es el tiempo de la traición a los ideales.
- ¿Estamos hablando de la política argentina?
- Por supuesto. El resultado de esa traición es la decadencia de las instituciones que estamos viviendo. Me hiere la traición porque yo soy fiel. Puedo morir mañana y decir que nunca me traicioné a mí misma. Siempre dije lo que pensé y sentí. Y pagué el precio, claro.
- Todos, de alguna manera, cargamos una mochila que a veces pesa más de la cuenta. ¿Qué te gustaría sacarte de encima?
- La culpa. No quiero sentirme culpable de nada. Aún sabiendo que la culpa está en nuestros genes por nuestro origen cultural. Somos parte de la civilización judeo-cristiana. No es una excusa, pero lo único que puedo decir es que viví como pude. Después de la muerte de mi marido perdí pertenencias. Me enojé con el mundo pero me repuse. Lo conseguí, una vez más, a través de un libro. Aunque no soy religiosa la calma después de la tormenta llegó de la mano de mi libro “El”. Un texto místico en el que arreglé mis cuentas con Dios a través de la figura de Jesucristo.
- Ya que tocamos el tema religión te hago la pregunta obligada: ¿Qué sentiste cuando supiste que el Papa era argentino?
- Me emocionó. Yo amo a San Francisco de Asís. Y el Papa lo eligió como símbolo de su misión. Creo que es el hombre justo para enfrentar a uno de los peligros más terribles de este tiempo: el fundamentalismo. No me gustó nada el discurso de la presidenta. Fue un discurso helado.
- ¿Cuál es, a tu juicio, la situación de la poesía argentina actual?
- Para empezar, tenemos que admitir que ya no hay poetas del nivel de Alfonsina, Orozco o Alejandra Pizarnik, por nombrar solo a tres de las grandes. Tampoco está a la vista el sucesor de Borges. De acuerdo en lo que se puede leer en los blog, el error que se está cometiendo, a mi juicio, es el exceso de palabras. Leer la poesía que se escribe en este momento me agobia. Lejos del ideal de decirlo todo con el mínimo de palabras. Falta la exigencia de la brevedad. Hay perlas como los poetas platenses Horacio Preler o César Cantoni. De todas maneras, la poesía no va morir.
- ¿Qué opinás del boom de las novelas eróticas para amas de casa? Al menos eso es lo que anuncia la publicidad...
- La madre de una amiga las lee. Y está chocha. Yo creo que no hay que darle ninguna importancia. Es un negocio más de las editoriales. Una moda literaria como tantas otras. Por otra parte, si abordamos el tema en serio recordemos que el erotismo siempre estuvo en la literatura. Y seguirá estando, porque es parte de la condición humana.
- Te propongo un juego. Supongamos que existe la reencarnación. ¿Cómo te gustaría volver?
- No me gustaría volver. Vivo tan intensamente el tiempo que me tocó en suerte, que quiero seguir siendo lo que soy.
(www.eldia.com.ar)



En la CACURI, encontrarás la siguiente bibliografía de la autora:

"Sombras azules"
"Vientos de fragua"
"Serie del ermitaño"
"La piel del mar : y otros poemas"
"Arenas del ocaso"
"Cita en Port Lligat"
"Fabularia"
"Faro encendido"
"La casa azul" (cd)
"El" (cd)
"La hija del viento" (cd)
"Cita en Port Lligat" (cd)





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