3.6.15

NI UNA MENOS

3 de Junio. Yo voy. Voy porque estoy viva, pero me morí ya mil veces. Y mil veces intenté despertar soñando que había soñado. Morí con ‪#‎Candela‬, que a los 11 años se convirtió en cenizas, y comprendió, a los porrazos, que lo del Ave Fénix es un cuento que no le responde a las pobres, a las indefensas, a las nadie. Morí con‪#‎Ángeles‬, que aún no descansa de su última clase de educación física, y le quedaron pendientes las fiestas de quince, por convertirse a la fuerza en basura. Acuné a ‪#‎Martina‬ la noche en que su madre ‪#‎Paola‬ perecía en una alcantarilla, y el asesino se fue silbando bajito, como quien se deshace de un montón de mierda. Morí ese día. Morí mil días. Conocí el fondo del riachuelo, asfixiada en la misma bolsa en la que estaba ‪#‎Melina‬ que, por pobre y puta, mereció su destino. Morí también con ‪#‎Melisa‬, con quien alguna vez compartí la identidad de la escuela. Su pequeña ‪#‎Nicole‬ no va a saber nunca quién es la seño Coca, ni todo lo que se puede hacer en un patio diminuto. Todavía respiro del mismo gas que las durmió para siempre, y – más que el gas- me ahoga la libertad de los impunes. Se me estruja el pecho con toda la tierra que me tiró encima el novio de ‪#‎Catherine‬, y también el de ‪#‎Chiara‬. Siento que en mi vientre se muere su hijo, que también es el hijo de una sociedad indiferente, que ampara a los hijos de puta. La pesadilla es eterna, y en las imágenes aparece ‪#‎Lola‬, a quien le entumecieron las alas, antes de que pudiera aprender a volar. Morí también con ‪#‎Andrea‬, que, con el derecho de las putas, volvió a enamorarse, y dejó su cuerpo en algún cerro de las sierras. 
Las llamo para encenderlas, las nombro para que no terminen de irse. Pero la memoria es un bicho que nos pica a pocos. Los hipócritas prefieren quedarse ahí, justificando lo injustificable, caminando con los pasos mudos, esquivando la mirada de los que cuestionan. Por eso voy. Para extender el ‪#‎NuncaMás‬ con el que se nos llena la boca y se nos calma la vida. Porque estoy cansada de alimentar la crónica roja con mi sangre pisoteada, que muere y vuelve a morir. Porque me harté del escupitajo ajeno; del dedo que señala; del tipo que -por tipo- es incapaz de respetar a la madre, a la abuela, a la hermana, a la esposa, a la hija, que les grita y los ensordece, pero no registran. Me harté del puño cerrado que siento en mi cara cuando me muero con ellas. Porque cada vez que una se va, el útero se me esconde y se me hace chiquito en algún lugar de las entrañas. E imagino que yo los parí y me avergüenza que hayan crecido dentro mío, que soy mujer, que soy todas. ‪#‎NiUnaMenos‬. STELLA MARIS SALERNO.(Periodista)



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